sábado, 7 de noviembre de 2015

Pueblos negros - Madrid y Guadalajara

Eran poco más de las once de la mañana cuando recibí un Whatsapp de José Pablo. Me preguntaba por una de las propuestas largas que había lanzado hace poco y que cayó en saco roto:

"Apañero, como tienes el sábado 7 para hacer una chunga de las tuyas??"

A partir de ahí fue cuestión de intercambiar unos cuantos mensajes de aquí para allí y poner en marcha la salida.

Con José Pablo vendrían José (Big Joe) y Chema, así que con cuatro fijos sería más fácil de tratar de reclutar gente en el grupo Vizi-gentuza. Al final se animó Alberto y Sete, y por otro lado Jorge que quería hacer un track más corto por la zona y coincidiríamos durante unos cuantos Kilómetros.

Desde el principio sabíamos que la ruta era muy larga y las horas de luz escasas. Estaba claro que teníamos que madrugar, y mucho, porque como decía José Pablo: esto no es Islandia, y disponíamos de media hora menos de luz que el tiempo empleado por los que hicieron el track que íbamos a seguir, así que partiendo de esa base mi recomendación fue no olvidar el Faro, aunque hubo quien se lo tomo a guasa.

La comitiva inicial.
Quedamos a las ocho de la mañana en la plaza de Valdepeñas de la Sierra, no quedaba más remedio que exprimir las horas de luz. Poco después de las tres de la mañana estaba despierto en la cama sin poder dejar de pensar en la que me esperaba al día siguiente ¡Menuda nochecita!

De camino al punto de encuentro entra un Whatsapp, como intuyo que está relacionado con alguien de los de la salida paro poco más adelante en Torrelaguna para leerlo. Efectivamente, era Alberto comentando que se había dormido y estaba fastidiado por perderse una ruta que el también tenía marcada en la lista de pendientes.

Llegué a la plaza el primero con diez minutos de sobra que aprovecho para ir sacando la bici y montándola, poco después llegaría Sete y procede al mismo ritual y justo al terminar de prepararnos da un toque José Pablo diciendo que están a diez minutos, que aprovechamos para tomar un café, lo malo es que al final los diez minutos se convierten en alguno más, se habían pasado el cruce y tiene que volver para atrás, al llegar me comenta José Pablo que Chema pasó mala noche y ha preferido no venir. Al final salimos justo con una hora de retraso.

Iniciamos la ruta con una temperatura ideal, vamos por carretera hacia Alpedrete de la Sierra descendiendo hasta el río para al otro lado recuperar la altura perdida, cruzamos el pueblo y tomamos un camino que sale por el otro lado, hacia la izquierda... Comienza el reto.

Primeros tramos de pista tras el asfalto inicial
Pronto nos vamos sumergiendo en el otoño, en especial al adentrarnos ya entre las arboledas de hoja caduca con toda la gama de ocres tapizando los laterales del camino.

Como siempre detrás de José Pablo
Hemos ido ganando algo de altura, aunque de modo muy suave y constantemente, de vez en cuando toca alguna que otra bajada también suave. En las curvas con claros disfrutamos de las vistas.

Sorteando la Loma de la Almohadilla
Al poco tiempo estamos circulando por una pista ancha que nos conducirá directamente al pueblo del Atazar donde nos espera Jorge.

El día luce a tope
Nos encontramos ya con Jorge tras la última rampa antes de llegar a un lateral de la iglesia donde nos espera. Está forrado de ropa, y acepta el consejo de los que venimos dándole al pedal, sabemos que en breve le sobraría todo, el día no puede ser mejor.

Unos en sombra y otros a plena luz ¡Así no hay quien saque una foto en condiciones!
Iniciamos la marcha y tomamos la pista que inicialmente va paralela a la carretera, estamos descendiendo, pero todos sabemos que de inmediato comienza el primer gran desnivel del día, no obstante la superficie del camino es benevolente y nos permite ascender sin gran dificultad.

A pesar de la altura del año a la que andamos la sombra es de agradecer en las ascensiones
En el transcurso de la subida pasamos por un tramo de un kilómetro de la carretera de va de Robledillo de la Jara a Puebla de la Sierra, al poco tiempo el camino pierde su inclinación, un pequeño descanso antes de acometer la última parte de la cuesta.

Al final de las bajadas es cuando hago la foto de frente a los demás
Si bien seguimos circulando por pista, el firme empeora por momentos, el desnivel aumenta a la par y el cansancio acumulado se va dejando notar.

El paisaje no deja de sorprendernos
Cada uno a nuestro ritmo continuamos ascendiendo, y nos vamos agrupando según la preparación de cada uno, aunque sin mucha distancia en los puntos claves los primeros van esperando.

El olor que desprende el láudano de la jara se aprecia con el calor en  aumento 
Llegamos a una gran fuente donde José se queja de problemas con el cambio en la subida, le da un baño a la bicicleta bajo el fuerte chorro del caño, el desviador se limpia y queda liberado para cambiar perfectamente, menos mal, problema solucionado.

Fuente de camino a Peña Cuervo
Durante la parada en la fuente me parece ver en el mapa que de inmediato llegamos a la cima, pero nada más lejos de la realidad, justo en este punto tenemos que superar unas cuestas con muchos grados de inclinación, un suelo lleno de piedras que no facilita la tarea y después de la parada se convierte en un esfuerzo de los buenos.

Por fin conseguimos enfilar hacia Peña Cuervo, Javi se nos queda algo atrás y aflojo para darle compañía, ya estamos ahí, casi al final del primer gran desnivel, en los últimos metros veo ya al resto de la comitiva bajando de la bici, están en el punto más alto de la ruta.

Hora de comer
Hay que reponer combustible y hacemos una parada para descansar y comer algo. Esta vez puse en la mochila algo más ligero que las anteriores veces, a modo de sándwich, algún plátano y unos pocos frutos secos. 

Aprovechamos para hacer las fotos de rigor, el alto invita a la panorámica, así que procedo según corresponde. El día es impresionante.

Despejado al completo
Ahora descendemos con ánimos y piernas renovadas, al poco alcanzamos la M-130, José comenta que le suena el núcleo, y parece que podría complicarse la avería, no obstante descendemos por el asfalto hasta alcanzar el punto donde hay retomar pista, y la cosa ha ido a peor, suena bastante y por miedo a que pueda convertirse en una avería gorda en medio de la nada decide abandonarnos en ese punto y seguir carretera abajo hasta el primer pueblo, donde quedaría a la espera de que le recogiese José Pablo.

En Collado Salinero los números de GR de los carteles no corresponden con los del mapa
Continuamos avanzando pero Jorge descubre su rueda pinchada, la válvula estaba rajada, solucionamos el problema con otra cámara e iniciamos la marcha, pero vuelve a perder aire, y luego otra vez más, por lo que dadas las horas y el tiempo que quedaba ambos deciden bajarse, además José Pablo había quedado con José en que iría a buscarle. 

Primero de los pinchazos
A todo esto Sete había tirado y salgo en su caza para contarle y continuar, supongo que estará en lo alto del collado, pero cuando llego no hay ni rastro de él, así que continuo puerto abajo pero inmediatamente el teléfono me canta diciendo que me estoy saliendo del track. Menudo lío ¿Cuanto habrá bajado Sete ya? Desactivo el modo avión y hay cobertura, pruebo suerte y consigo contactar con él, así que le explico que se ha pasado, que había una pista secundaria y que ha de regresar.

La pista de la izquierda cortada con una barrera es la nuestra
No tarda en llegar, le cuento la situación y le indico el camino que tenemos que tomar. Acostumbrados a pistas de primera era difícil a priori pensar que el camino continuará por ahí, está invadido por la vegetación, pero se puede circular perfectamente por cualquiera de los dos carriles que quedan. 

Cañada Real del Collado de las Palomas
En poco tiempo estamos sobre el Camino de los Arrieros, una pista forestal de primera y engalanada de otoño, imprimimos velocidad en descenso suave y alcanzamos sin dificultad el Collado de las Palomas, justo después perdemos desnivel más rápidamente, tan rápidamente que nos saltamos la aldea de La Vereda, punto donde hubiésemos querido pillar agua pues ya andábamos escasos y distribuyendo las últimas existencias.

Camino de los Arrieros
La circunstancia de habernos saltado este pueblo creo que será la escusa idónea para regresar por estos lares, y visitar sus calles ya pobladas desde la época preromana, pasando por ella Visigodos, Bereberes y cristianos tras la reconquista para Castilla de Alfonso VI. Representa el máximo exponente de la arquitectura negra de Guadalajara. 

La Vereda perteneció al ayuntamiento del Vado hasta que las aguas del embalse lo inundaron, pasando a tener ayuntamiento propio hasta su despoblación en 1970 debida principalmente a la incomunicación, posteriormente ICONA quiso derrumbar las casas y reforestar la zona, pero en 1976 un grupo de arquitectos de Guadalajara y Madrid evitaron el derrumbe y decidieron crear una asociación cultural entorno al pueblo para mantener su legado arquitectónico.

Segunda pendiente desafío de la ruta
Al otro lado del Arroyo de la Vallosera comenzamos con la segunda pendiente prolongada de la ruta, Sete una vez más toma la ventaja que su entrenamiento le da y empieza a ganar distancia. Yo aplico mi habitual marcha lenta pero sin descanso sobre un terreno lleno de piedras y con unas curvas donde cada pedalada despega la rueda delantera del suelo.

El sol bajo torna la paleta de colores, la luz nos cambia el paisaje.
Superamos el Collado de Hontanar y poco después iniciamos un descenso de vértigo donde las cerradas zetas continuas y repletas de piedras no te permiten coger demasiada velocidad, pensando en que inmediatamente tendrás que aplicar freno a tope sobre un terreno que no ayuda en absoluto.

Después de 70 kilómetros habíamos superado los dos grandes desniveles de la ruta, aparentemente lo difícil estaba realizado, pero estos últimos metros de constantes pequeñas bajadas y subidas terminan con uno.

Aprovechamos las últimas luces del día para buscar en la mochila los focos e instalarlos en las bicis, después continuamos la marcha sin usarlos aún, ya que queremos reservar baterías, pero no pasa mucho tiempo hasta que tenemos que encenderlos.

Y la noche se hizo
Ahora rodamos con noche cerrada y la temperatura es buena. Estoy contento con la compra del foco, ha sido un dinero bien invertido, y la luz proyectada es más que suficiente para permitirnos rodar con velocidad sobre unas pistas de buen firme que nos conduce hasta Valdepeñas de la Sierra ¡¡Objetivo cumplido!! 

Han sido 92 kilómetros con más de 2.200 metros de desnivel. Y como no podía ser de otro modo tras meter las bicis en el coche y estirar algo lo celebramos con la tradicional cerveza de final de ruta.

Gracias José Pablo, fuiste el valiente que acepto el desafío y gracias al resto de integrantes, tanto a los que no pudisteis completarla por diversas razones como a Sete que rodó a mi lado (más delante que a mi lado, jeje) hasta completar la ruta. Tendremos que repetir macro-ruta y como algunos ya sabéis tengo una muy bonita en el tintero donde es probable que tengamos que llevar los focos para superar la barrera de los 100 km.

Con el permiso Grioco pongo aquí el track que seguimos y no pudimos grabar.

Un saludo y hasta la próxima donde saquemos nuestras ruedas a paseo.

domingo, 25 de octubre de 2015

Cuidado con las setas...

El mismo viernes estaba aún preguntando en el grupo los planes que había para el finde, no tenía acordada ninguna ruta larga para hacer y lancé mi propia propuesta que no calo en absoluto, demasiados kilómetros tal vez. 

Al final fue el sábado pasadas las nueves cuando pregunte y Pedro me dijo que habían quedado en la gasolinera del Tiemblo a las 9 de la mañana. No tenía información del track en si, pero formando parte del pelotón Nieves, Dani, Nacho y él, eso ya era suficiente garantía de que iban a ser una ruta interesante donde además tuve la oportunidad de conocer a otros amigos de Nacho.

Dejando atrás el Embalse del Charco del Cura
Cruzamos prácticamente todo el tiemblo por su avenida principal hasta alcanzar la calle que nos llevaría al punto donde cruzar el Embalse del Charco del Cura y recorrer su margen izquierdo, fue un recorrido agradable junto a la orilla, luego ganamos algo de altura y cruzamos nuevamente el Alberche por la presa del Embalse del Burguillo.

Presa del Embalse del Burguillo
La temperatura era agradable y las sensaciones sobre la bici buenas, muy buenas teniendo en cuenta lo poco que la cojo, eso sí, acabábamos de empezar y aún quedaba mucho por delante.

Al otro lado de la presa seguimos junto al embalse por una carretera que nos lleva hasta el Poblado de las Cruceras, hoy núcleo de alojamiento rural donde se da cabida también al Centro de Interpretación de la Reserva Natural del Valle de Iruelas. Estas edificaciones en su día fueron la residencia de los trabajadores de las fábricas de madera y resina situadas también en este enclave. 

Pegueras junto al Embalse del Burguillo
Al final de este pequeño poblado tomamos un camino que pasa junto a unas "pegueras", que son unos antiguos hornos que se utilizaban para la obtención de "la pez", material utilizado como impermeabilizante de cubas, odres y botas de vino.

Pasarelas tras el Poblado de las Cruces
Continuamos la ruta a través de las pasarelas que nos devuelven de nuevo a la carretera poco transitada ahora, y que tras cruzar la Fuente de la Perra Gorda abandonamos se desvía en dos, nosotros tomaremos la que asciende por la Garganta de las Iruelas.

La pista hacía el Puerto de Iruelas tiene buen firme por lo general (foto de Nacho)
Empezamos a encontrarnos algún que otro tramo con desniveles fuertes, pero el buen firme nos permite avanzar sin dificultades. 

La zona esta preciosa, la humedad que aporta el cauce del río impregna las rocas un musgo de intenso verde en contraste con el abanico de colores de las hojas caídas, es agradable poder pedalear por aquí en un día tan bueno para la altura del año en la que estamos.

Recién iniciado el otoño vemos árboles caducos verdes, amarillos, marrones...
Ya acercándonos al puerto la carretera se torna por completo en pista y los árboles caducos van cediendo en número para tomar ventaja las coníferas, el predominio ahora es del color vede de las acículas resaltando contra el manto marrón de los helechos.

En las cercanías de Lancha Candeleda
Por fin coronamos los 1.467 m. del Puerto de Casillas donde hacemos una corta parada para descansar, reponer líquidos e ingerir alguna pieza de fruta y/o barrita.

Puerto de Casillas
Como no conocía el track me las prometía felices pensando que tras coronar el puerto tocaba la bajada, por unos instantes había olvidado con quien había decidido hacer ruta, tocaba ponerse en movimiento y veo que todos enfilan hacia un pequeño sendero que salía hacía la izquierda en dirección al Pozo de la Nieves.

Inicio del sendero hacía el Pozo de las Nieves
Al final resulto que subida prácticamente no había, tras la salida se convierte en un sendero que en general se mantiene en altura, pero que va teniendo sus pequeñas subidas y bajadas.

Aprovechando los pocos tramos de rodar
Toca disfrutar de modo intenso, la senda es muy técnica y exige lo máximo de uno hasta el punto de tener que poner el pie en tierra, a veces por la dificultad del terreno y otras por un grupo que nos encontramos y al que tengo que ir dando espacio de vez en cuando para rodar sobre la bici.

A veces no queda otra que darle al empuja-bike
En las inmediaciones del Pozo de las Nieves comienzan a aflorar los prados y vamos haciendo colección de fotos, el paisaje invita constantemente a ello.

Panorámica de 180 grados
El último tramo del sendero, ya sin piedras, invita a lanzarse por sus pequeños desniveles y van apareciendo tras la loma uno tras otro.

En esta foto podéis ver la máquina... que viene en bici.
Realizamos la parada y visita obligada al Pozo de las Nieves y en los propios carteles informativos vemos que este quedo prácticamente en ruinas y si hoy podemos disfrutar y contemplar la edificación es gracias a las restauraciones realizadas a lo largo de 1998.

Fachada principal del Pozo de las Nieves con los accesos al pozo y al refugio anexo.
Como dato curioso buscando al respecto de este pozo encontré que en 1906 se vendía la arroba (unidad de masa que equivale en Castilla a 11,5 kilos) a tres reales, lo cual equivalía a la tercera parte del salario diario de un agricultor o un artesano. Teniendo en cuenta todo el esfuerzo que requería seguro que era un precio justo por muy alto que pueda parecer. 

Esa escalera ni la tocamos, casi daba vértigo
Terminamos asomándonos al refugio anexo donde estaba encendida la chimenea, un sitio acogedor sin duda, pero a nosotros nos quedaba aún camino por delante.

Continuamos con un descenso vertiginoso hasta la Garganta de la Hiedra donde digamos que lo pasé mal en una curva donde parecía que no iba a ser capaz de girar todo lo que demandaba, al final lo conseguí, justo cuando el pedal llego a alcanzar una roca en el extremo del camino, la idea de los que contemplaron la escena desde atrás y la mía propia era que besaría el suelo, libre por poco, pero libre.

Seta gigante junto al camino: "Que siga ahí indica algo"
En la entrada desde nuestro camino a una pista forestal hay una seta gigante que paro a fotografiar, quería pillar una buena perspectiva, si veis la foto de arriba creo que lo conseguí, pero lo mio me costo, después de ponerme de rodillas, al intentar levantarme me dio un tirón tan fuerte en la pierna que por un momento pensé que incluso me marearía ¡¡Dioossss, que dolor!! No podía terminar de estirarme, necesite más de cinco minutos para recuperarme.

Continuamos camino e inexplicablemente Nacho fue al suelo, su rueda delantera se había pinchado y le hizo caer. Solucionamos el asunto reparando entro todos la rueda en un instante y seguimos camino.

Cámara nueva y a rodar
Poco después en una otra curva siento que pierdo la dirección, yo giro el manillar pero la bici continua recta a gran velocidad, otro tanto de suerte, ya que justo en esta curva había una pequeña escapatoria de hierba suficiente como para permitirme controlar la bici y detenerla por completo sin caer, eso si, exprimiendo al máximo los frenos de disco. Había pinchado la rueda delantera, lo cual explicaba todo. Aviso al grupo del pinchazo y mientras llegan y me quito la mochila para sacar las herramientas compruebo que a pesar de perder mucho aire en un instante no se ha deshinchado por completo, imagino que eso quiere decir que el líquido de la cámara anti pinchazo hizo su efecto, algo tarde, pero el líquido obstruyo la salida de aire, así que antes de ponerme a reparar nada le doy unas vueltas a la rueda y pruebo a hincharla directamente ¿Funcionara? Parece que aguanta la presión así que directamente continuamos camino.

En pleno castañar
Nos dirigimos hacia un puesto de caza denominado la escalera, ya que está en lo alto de un árbol y se accede por una escalera construida con ramas, pero que después subir y bajar para hacernos unas fotos termina cediendo uno de sus peldaños sin ninguna consecuencia. 

Sin ser "El abuelo" de los castaños sigue siendo impresionante su porte
De aquí nos dirigimos hacia nuestra próxima parada, un castaño apodado cariñosamente como "El abuelo" que tiene una altura de unos 25 metros y una edad estimada en unos 500 años. Este tramo del camino toca hacerlo con mucha precaución, pues es mucha la gente que viene a visitarlo y el camino hay que compartirlo con niños y mayores.

De regreso Pedro se hace una de las fotos de rigor sobre unos tocones altos situados junto al camino. 

Yo tengo otra foto parecida
Concluimos la ruta en el Tiemblo a buena hora, y con el tiempo espectacular que hacía buscamos una terraza donde poder disfrutar de unas cervecitas bien ganadas, eso sí, que nos sirvieran algo de comer fue complicado y se hizo esperar, pero al final nos tomamos unos bocatas de carnaza de flipar.

Disfrutando del buen día (en todos los sentidos)
En definitiva fue una ruta genial, como no podría ser de otra manera. Gracias a todos los que integrasteis el grupo y en especial a Nacho por guiarnos por estos lares.

Track de la ruta

Hasta la próxima donde saquemos nuestras ruedas a paseo.

domingo, 27 de septiembre de 2015

SendeBikExtrem en tierras de Guadalajara...

Había una convocatoria de Pablo en el grupo de Vizi-gentuza para hacer la Ruta de los Santuarios, anunciada como ruta corta y difícil no termino de captar mi atención, pero al final, tras ver el track en wikiloc, el mismo día antes decidí embarcarme y formar parte de la compañía. A pesar de los pocos kilómetros tenía un perfil que si llamaba la atención.

Llegue justo a la hora acordada a Valdepeñas de la Sierra, pensé que no me daría tiempo a un café antes de salir, pero la plaza estaba vacía, era el primero. Decidí disfrutar de una dosis de cafeína antes de que llegaran. 

Salí del bar y oí tras el recodo de una callejuela el ruido de un vehículo, expectante me fije en él cuando entro en la plaza y conseguí reconocer a Pablo y Anita, pero... lo conducía un individuo en traje y corbata, así que supuse que alguien les había acercado, y que el tal Isás vendría en otro coche, jajajaja, nada más lejos de la realidad, aquel era Isás, al bajar pude contemplar las chancletas rosas que lucía a juego con sus gafas del mismo color y su indumentaria verde ¡¡Todo un cuadro!!

Elegante dadas las circunstancias
En pocos minutos todos estábamos preparados para iniciar la ruta del día, incluido Isás que ya sin traje se había calzado otras chancletas más ajustaditas, una de color negro y otra marrón. 

Única pista de este porte que veríamos en la ruta
Iniciamos la ruta por una pista ancha, donde fuimos perfilando entre las opciones la que sería la ruta del día, y al final se decidió entre las posibles alternativas por darle a la Extrem, luego entendimos el porque de la denominación.

En el momento de salirnos de la pista forestal había que tomar un pequeño sendero en descenso ¡Qué buena pinta! ¡Solo fue un espejismo! Tras pocos metros cambió la inclinación y se convirtió en una cuesta arriba donde había más piedras que arena y los terrestres tuvimos que poner el pie en tierra y darle al empuja-bike.

Empuja-bike número uno.
Ganamos desnivel rápidamente y en poco tiempo nos presentamos sobre el primer alto donde se podía disfrutar de unas vistas impresionantes, y tras la subida tocaba la bajada. 

Sierra Guadalajareña
Viendo el terreno ya entendimos porque Isás dijo que no nos cruzaríamos con otros ciclistas durante la ruta. Ahora la bajada discurría por una senda de pizarra donde el filo de la roca esperaba el más mínimo error. Isás desapareció camino abajo descendiendo como alma que lleva el diablo, y los demás tuvimos que poner toda la carne en el asador para conseguir avanzar tan solo por alguno de los tramos donde no nos veíamos obligados sortear los obstáculos a pie.

Pablo haciendo gala de sus habilidades 
Poco después pinchaba Isás,  tenía que reparar su cubierta tubless, tenía unas mechas que usaba para estos menesteres, y ya había otras de veces anteriores, era cuestión de conseguir introducir la mecha y darle a la bomba de inflar.

La verdad que la cubierta se veía ya más que deteriorada
En esta ocasión la mecha no quería entrar y se resistía, al parecer la herramienta para empujarla estaba rota y fue una tarea ardua ¡Hincha un poco la rueda! ¡Ufff, no lo consigo! ¡Dale aire otra vez! Voy a probar de este otro modo... 


 

 
La mecha se resistía a entrar

Cuando por fin entró pasamos a la parte de inflado, pero aquello perdía aíre por algún lado y no conseguíamos identificar por donde, así que fue necesario recurrir a una cámara de emergencias que tenía Pablo para estos casos.

Tal vez no lo parezca pero el camino está ahí, entre los filos.
Avanzamos por el sendero en dirección al pueblo de Tortuero, en la intersección con la carretera estaba Isás, llegamos Pablo y yo y estuvimos esperando un rato por Anita, a pesar de que tardaba la dimos algo de tiempo entendiendo la dificultad del trazado, pero seguía sin aparecer. Saber de ella suponía subir una cuesta impresionante lo que nos hizo ser... "más pacientes", pero al final la preocupación pudo con nosotros. Dejamos a Pablo con las bicis y subimos Isás y yo, allí estaba arreglando un pinchazo.  

¡¡Esta es la parte sencilla de este tramo de descenso!!
Ya todos juntos emprendemos camino y entramos en el pueblo donde aprovechamos para llenar algún bidón en la fuente y hacemos parada obligatoria junto a la Plegaría al Árbol que lee en alto para todos nosotros Isás:
Tú que pasas y levantas, contra mí tu brazo,
que inconsciente me zarandeas,
antes de hacerme daño, mírame bien.
…
Yo soy el armazón de tu cuna, la madera de tu barca,
la tabla de tu mesa, la puerta de tu casa,
la viga que sostiene tu techo, la cama en que descansas.
…
Yo soy el mango de tu herramienta,
el bastón de tu vejez,el mástil de tus
ilusiones y esperanzas.
…
Yo soy el fruto que te nutre y calma tu sed,
la sombra bienhechora que te cobija, contra los ardores del sol,
el refugio bondadoso de los pájaros, que alegran con su canto sus horas,
y que limpian tus campos de insectos.
…
Yo soy la hermosura del paisaje,
el encanto de tu huerta,
la señal de la montaña, el lindero del camino.
…
Yo soy el calor de tu hogar en las noches largas y frías del invierno,
el perfume que embalsama a todas horas,
el aire que respiramos, el oxígeno que vivifica tu sangre,
la salud de tu cuerpo y la alegría de tu alma;
…
Y hasta el fin, Yo soy el ataúd, 
que te acompaña al seno de la tierra, 
por todo eso,
…
Tú me miras, tú me plantaste por tu mano,
tú me diste el ser y, puedes llamarme hijo…
Óyeme bien, mírame bien…
¡Y no me hagas daño!

Realizando la lectura de la Plegaria del Árbol
Salimos del pueblo y continuamos por el GR-10 cruzando una zona preciosa que ya empieza a mostrar tímidamente algunos colores del otoño.

Esto en un mes tendrá unos colores más espectaculares aún.
El camino es estrecho, continuamente nos comemos matorrales de uno u otro tipo, si no te los llevas con los brazos, continúan marcándote las piernas, pero el paisaje hace que te olvides de la rama que te has comido hace unos instantes y casi de la que ves venir de frente.

 
Pablo y Anita en uno de los pocos claros de esta zona.



El camino transcurre a media ladera por una cañón impresionante.
Salimos del cañón y accedemos a algún camino más ancho por donde ya se puede rodar sin tener que ir esquivando ramas, las cuestas, si ser muy pronunciadas continúan ahí.

Pablo y Ana hacia la Cuerda de la Gallinera
Al entrar en Tortuero de nuevo todos lo hacemos por el lado fácil, menos Isás que salva el escalón necesario para cruzar luego sobre el singular puente medieval. Es el monumento más singular de la ruta, tiene un solo arco de forma ojival. Una pena que el paso del tiempo pudiera con su entereza y se tuviera que construir un pilar sobre la parte del arco que se hundía.

Salvando el Arroyo de la Concha
Terminamos de cruzar este pequeño pueblo, que según el padrón municipal del 2014 del INE tiene diecinueve habitantes.


Torre de la Iglesia San Juan Bautista en Tortuero

Cruzamos el pueblo pasando junto a la iglesia de San Juan Bautista de estilo gótico-renacentista y aprovechamos para realizar las fotos de rigor.

Comienzo del Cañón de la Horca
Estaba expectante por entrar en esta parte del recorrido tan mencionada antes de comenzar la ruta por unos y otros, y he de decir que todos tenían razón, es espectacular.

Isás y Pablo "dejándose caer"
A pesar del estado del camino, se puede apretar durante el descenso, sin dejar claro está de prestar toda la atención que requieren las piedras que aparecen a uno y otro lado.

Creo que fue al salir de esta zona donde Ana se apuntó otro abrojo en su haber, con el consecuente pinchazo. Ahora entre todos queda solucionado en un momento y continuamos en busca de la cerveza que ya nos llama a gritos.

A las puertas de Valdepeñas de la Sierra
Prueba superada, ya en el punto de inicio de la ruta dejamos las bicis a un lado para disfrutar de la terrazita.

No son tan grandes las jarras como parecen, tuvimos que pedir otra ronda.

Ya en casa, empezaron a llegar al Whatsapp los comentarios de los compis, y cada vez son más curradas, desde luego que te has salido con estas Alfonso, que no he podido dejar de publicar aquí...



Impresionante ruta la de este día, y Extrem, extrem, extrem.

Track de la ruta

Hasta la próxima que saquemos las ruedas a paseo.